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jueves, 25 de septiembre de 2014

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Una aurora boreal en plena Guerra Civil



Una aurora boreal en plena Guerra Civil

La noche ´roja´

Diario Información (Alicante) 23 de enero de 2012 
JUAN JOSÉ AMORES LIZA.
"Vivíamos en una casa situada en la confluencia de las calles Capitán Segarra y Juan de Herrera, en Alicante", cuenta Doña Magdalena Oca. "Cerca de las nueve, ya siendo noche cerrada, los vecinos me avisaron de que algo extraño estaba sucediendo en el cielo. Cuando salí a la calle, decenas de personas miraban hacia el Norte con incredulidad, atentos a un enorme destello rojo que iluminaba el firmamento". Era el día 25 de Enero de 1938. 

El fenómeno fue divisado también por Don Miguel Pérez, marido de Doña Magdalena, el mismo día y a la misma hora, aunque en un lugar y en unas condiciones muy diferentes a las de nuestra ciudad. "Mi padre estaba destinado en el frente de Extremadura. Nos decía que aquellos días de invierno fueron los más duros que recordaba en su vida, con fuertes nevadas, vientos de más de 80 km por hora y temperaturas inferiores a los -12ºC", relata el escritor y astrónomo Don Miguel Ángel Pérez Oca. "En aquellas terribles e interminables noches, era frecuente descubrir cómo muchos de sus compañeros morían de hipotermia y congelación cuando salían de las tiendas de campaña a hacer sus necesidades (É) En el atardecer del día 25, vio un enorme destello rojizo en el Norte, tan fuerte que iluminó el cielo como si de un gigantesco incendio se tratara. Algunos soldados creyeron que las grandes ciudades (Zaragoza o Barcelona) ardían pasto de los enfrentamientos bélicos y las bombas; otros pensaron que se trataba de un designio divino que profetizaba el fin de la contienda; sólo unos pocos, los más instruidos, fueron capaces de decirle que, realmente, estaba asistiendo a un espectáculo único en nuestras latitudes: una Aurora Boreal".
Las auroras polares son fenómenos lumínicos producidos por el choque de partículas solares contra los polos Norte y Sur de la magnetosfera terrestre. Cuando se producen en el Hemisferio Norte, reciben el nombre de "Boreales"; cuando ocurren en el Sur, se denominan "Australes". Es cierto que las primeras son características de Alaska, Groenlandia, Noruega o Rusia, mientras que las segundas abundan en la Antártida o en el sur del océano Pacífico; sin embargo, en anómalas ocasiones, pueden divisarse en otras partes del mundo, como Holanda, Francia, e incluso EspañaÉ. como así ocurrió aquella fría noche.
"La moral de la tropa se vio afectada por una extraña luz que apareció en El Tibidabo", relataba también Don José Luis Alcofar, "Un extraño misticismo se apoderó de Barcelona, hablando de milagros y culminando el día siguiente, cuando comenzó a correr el bulo de que se había llegado a un acuerdo con el Generalísimo para que no se repitieran los bombardeos. El optimismo desapareció el día 30, cuando la ciudad fue pasto de las bombas tres veces".
Como hemos visto al principio, Alicante no quedó al margen de la que fue, sin duda, la única Aurora Boreal documentada de nuestra historia reciente. Testigos presenciales afirman que desde el Castillo de Santa Bárbara podía verse un gigantesco abanico anaranjado, abierto hacia el cielo, con rayos de fulgor rosáceo ligeramente convergentes. Sin embargo, el destino quiso hacer coincidir el inusual efecto atmosférico con nuestra terrible Guerra In-Civil, provocando si no la indiferencia de los ciudadanos, sí al menos la de los grandes rotativos, que relegaron el acontecimiento a escuetas notas informativas. El dicho de "no estaba el horno para bollos", se pudo aplicar perfectamente en este caso.
Así, el diario "Liberación" avisaba que "un raro fenómeno atmosférico se observó en Alicante, causando natural sorpresa (É) Se notó un gran resplandor rojo que, por momentos, iba en aumento, decreciendo más tarde". El periódico "Nuestra Bandera", por su parte, publicó "algunos detalles curiosos de la aurora boreal de anteanoche", haciendo hincapié en que "sus efectos serán estudiados inmediatamente", aclarando, eso sí, que "no es debido a causas locales y está relacionado con las grandes manchas que se observan estos días en el Sol".
Mención aparte merece el diario republicano El Luchador, que aprovechando la venida de la espectacular Aurora Boreal a Alicante, trajo a la palestra a modo de propaganda un chascarrillo de lo más político: "esto nos recuerda una anécdota que demuestra la estulticia de los gobernadores de la Monarquía". Por el año 80 del siglo pasado, ocupaba un alto cargo de nuestra provincia uno de esos caciques pueblerinos que no tenían más misión que cumplir las órdenes arbitrarias del cacique máximo, Francisco Romero Robledo, Ministro de Gobernación. Sorprendido por el maravilloso espectáculo de la Aurora, se apresuró a telegrafiar al Ministro: "Se ha presentado la Aurora Boreal, ¿qué hago?". Romero Robledo le contestó también por telegrama: "Deténgala inmediatamente". 
Suponemos que en aquellos años, hasta los espectáculos más insólitos de la Naturaleza, podían servir para alentar las combustibles ideologías. ¡No somos nadie!

domingo, 21 de septiembre de 2014

Cruz de los Caídos de Almoradi.



AYER Y HOY del Panteón de los Caídos.





Después de la guerra, en los terrenos donde había estado el antiguo cementerio, se construyó el llamado Panteón de los Caídos, que fue inaugurado en 1940 (fecha a la que corresponde la fotografía, y en la que vemos la fábrica de Palmer) . La fachada estaba rematada por una gran Cruz y en la puerta de acceso estaban los nombres de los fallecidos, junto a la frase “Caídos Por Dios y por España”. 
Desde 1995 es la sede de la Junta Mayor de Hermandades de Semana Santa. 


FUENTE: http://almoradi1829.blogspot.com.es/2013/11/ayer-y-hoy-del-panteon-de-los-caidos.html

jueves, 18 de septiembre de 2014

DIVERSOS SELLOS DEL CONSEJO MUNICIPAL - VILLENA.




DIVERSOS SELLOS DEL CONSEJO MUNICIPAL - VILLENA. 


PRO REFUGIADOS DE GUERRA Y ASISTENCIA SOCIAL

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COMITE LOCAL de REFUGIADOS de GUERRA, en lila y en naranja 
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"Solidaridad" GG 1457 : 


Imagen y GG 1458 con punto despues "Cts." Imagen 

y en fragmento del 25. 5. 37 sin punto despues "Cts" Imagen 

50cts castaño.- No catalogado. 

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1pta castaño.- No catalogado. 

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10ptas verde.- No catalogado. 

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-Y de la serie siguiente, aparte de rosa y naranja, creo que podemos catalogar tambien el rojo: 

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FUENTE: http://www.agoradefilatelia.org/viewtopic.php?f=15&t=14032&start=510

Las milicianas de Almoradí durante la Guerra Civil y su posterior represión

Las milicianas de Almoradí durante la Guerra Civil y su posterior represión



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TEXTO DANIEL FERRÁNDEZ PÉREZ

El período que comprende la II República se caracteriza por una creciente participación de las masas en la vida pública cuestionando los esquemas de dominación tradicionales y los roles preestablecidos, tanto políticos como referentes a otros aspectos de la vida cotidiana, incluido el género. Este proceso, también denominado democracia llevó a que la mujer replanteara su función tradicional de madre encerrada entre las paredes del hogar y rompiera con una vida pública y privada completamente sumida al marido. Así, buena parte de las mujeres superaron la barrera de la España negra y profunda y dejaron el luto en casa (tan bien retratado por Lorca en La casa de Bernarda Alba), hablaron, opinaron y comenzaron el camino hacia la igualdad. No con ello, queremos decir que en el momento del estallido de la guerra, cuando la puesta en práctica de los avances sociales obtenidos por la República se intensificó, se produjera una “igualdad total” ya que la cocina y los niños continuaron siendo asuntos de mujeres hasta en las líneas más revolucionarias del frente, pero, a pasos de gigante, las mujeres luchaban contra el fascismo, por la democracia y a la vez luchaban por sus derechos.
En Almoradí, un grupo de mujeres quiso romper con la tradición patriarcal que les negaba su propia esencia humana y salir a ejercer esa triple lucha afiliándose al PCE y a las milicias revolucionarias. Algunos nombres de mujeres milicianas de Almoradí son: Soledad Amorós Girona, (a quien llamaban “La Pasionaria de Almoradí”) Concepción Montesinos Peiró, Luisa Rebollo Andrés, Remedios Zaragoza, Teresa Rodríguez Calvo (y muchas más que aún tenemos que investigar). Su labor en los primeros momentos fue la de dar mítines en Almoradí y los pueblos cercanos, organizar el Socorro Rojo enviando comida y ropa al frente y realizar tareas de organización dentro del partido… Como hemos dicho, no todo es blanco o negro: en el cuartel de las milicias eran las cocineras. Solían ir juntas vestidas con su mono azul de miliciana y su pistola, dejando bien claro que eran luchadoras por la libertad. A algunas de ellas no les bastó con desempeñar una labor activa en el pueblo de Almoradí, por lo que se alistaron como voluntarias al frente. No sabemos si en las líneas del frente llegaron a entrar en combate, pero lo estimamos difícil ya que muchas de ellas afirmarán en sus declaraciones de los Consejos de Guerra haber trabajado en la cocina.

Con el fin de la guerra comenzó la represión en Almoradí con el único fin de eliminar todo vestigio de pensamiento democrático en la sociedad y que así no se cuestionase la nueva dictadura. Tal que así, el bando franquista identificaba revolución con democracia, y hacía extensible dicho término a toda actitud que emanara de ella rompiendo los esquemas de comportamiento de la iglesia católica, como la liberación de la mujer. El franquismo represalió a las mujeres en tres niveles: Un nivel general que afectó a toda fémina, pues la regresión en derechos se extendió al conjunto de mujeres. En un segundo nivel se encontraban las madres, esposas, hermanas o hijas de represaliados a las que se les aplicó por diversos mecanismos –como el rapado o la purga- una humillación que pretendía castigar de forma indirecta a sus maridos. En un tercer nivel estarían las encarceladas y fusiladas, algo que se haría extensible a toda sospechosa de haber sido miliciana.

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Soledad Amorós Girona: A Soledad se le realizó un juicio sumarísimo de urgencia donde la acusación la culpaba de ser una “destacada revolucionaria, elemento peligrosísimo para la Nueva España que ayudó a las milicias desde el primer momento”. Según su expediente, “posiblemente había infundido todos los desmanes que sus hermanos cometieron en la Villa de Almoradí”. Un testimonio oral nos ha relatado que un conocidísimo falangista de Almoradí intentó mantener relaciones con Soledad (era una práctica demasiado común que explicaremos en otro momento) y que la negativa constante de la misma promovió que la denunciara, acusada de “maltratar cadáveres”. El mismo testimonio oral asegura que Soledad dejó constancia de este chantaje sexual en una carta. Como hemos dicho la acusación principal –emanada, según testimonios, de este chantaje- inducía sobre ella sospechas de haber maltratado los cadáveres de los tres almoradidenses fusilados en agosto, los cuales estaban relacionados con el asesinato años antes de su hermano, José Amorós. La acusación solo obtiene denuncias de esto que afirman “conocerlo por rumores locales”, sin llegar a prestar Soledad su versión de los hechos. No podríamos conocer la opinión sobre estas acusaciones del entorno de Soledad si no fuera por la entrevista realizada a un sobrino suyo, quien contó la versión de los hechos que permanecía en la memoria familiar:
Con Soledad lo que yo siempre he oído es que venían de trabajar –donde trabajaran, en el campo… o lo que fuera- y al pasar por el camino en la acequia había cuatro o cinco muertos… y uno de ellos fue quien le pegó la paliza a su hermano y dijo –¡anda no recogerlos que bastante malos han sido ya! Entonces, ahí iba la mujer de mi tío León y cuando los acusaron la mujer de mi tío León dijo: -no, eso lo ha dicho Soledad… -ella y mi tío León se separaron y ya no…-Yo esto lo he oído en mi familia, desde pequeño y lo he oído siempre igual.

Lo único que sabemos a ciencia cierta de todo esto es que Soledad fue condenada a muerte y fusilada. Cuenta un testimonio recogido que cuando se la llevaron de la cárcel de Almoradí, toda ella entró en un furor constante cantándole: “Adios muchachos, compañeros de mi vida”. Sabemos por el libro “Els afusellaments al País Valencià, 1938-1956″ de Vicent Gabarda que Soledad eligió sus mejores ropas para ser fusilada. Tenía una hija pequeña. Toda su familia menos un hermano que escapó, León, sufrió la represión, llegando su madre a morir de tuberculosis en el Reformatorio de Adultos de Alicante.
A Luisa Rebollo Andrés se le acusaba de “ser miliciana armada, comunista, y de acompañar a Soledad el día de la profanación de los cadáveres”. Por suerte, Luisa si declarará diciendo que ese día fueron a Alicante a hacer unas compras y al pasar por donde se cometieron los crímenes, dijeron: “Mira. Ahí han matado a esos chicos del pueblo” sin llegar a bajar del coche. A Luisa la condenarán también a pena de muerte, pero le fue conmutada porque había quedado tetrapléjica.
Trinidad Montesinos Peiró se le acusaba de “miliciana, comunista y de acompañar a Luisa y Soledad el día que supuestamente se burlaron de los asesinados”. Ella lo negó rotundamente y por no poder demostrarlo la acusación realizará una auténtica investigación con muchas declaraciones, para demostrar que el día de los asesinatos preparó “carne con tomate para los milicianos”. Fue condenada a 30 años de reclusión mayor, aunque solo estuvo encerrada siete por los efectos que la Segunda Guerra Mundial tuvo en la represión.
Concepción Montesinos Peiró fue acusada de ser “miliciana, comunista y de ayudar a preparar la carne con tomate” a Trinidad la noche citada. Fue condenada a seis años cumpliendo tres.
Teresa Rodríguez Calvo era una destacada líder dentro del PCE, que llegó a participar en múltiples reuniones en Alicante. Consiguió escapar en el Stambrook hacia Orán, y desde allí fue a la URSS donde vivió. Su hermano José Rodríguez fue fusilado y ella no pudo volver hasta muchos años después.
Sobre Remedios Zaragoza una informante nos aseguró que fue fusilada, cosa que desmentimos con nuestras pesquisas en el Archivo General e Histórico de Defensa. Allí, su expediente nos dice que tenía 19 años y trabajaba de oficinista en Almoradí. Fue juzgada por ridiculizar al general Queipo de Llano –tildándolo de alcohólico- en una función teatral realizada durante la guerra y por descubrírsele una carta enviada a su padre desde la prisión donde le decía: “no te fíes de ningún fascista, me he enterado del estallido de la Guerra Mundial, eso nos puede salvar”. Fue apresada en el puerto de Alicante cuando se disponía a huir al extranjero y condenada a veinte años de reclusión, pena que no sabemos si llegó a cumplir ya que no encontramos certificado de liberación en su expediente. Las noticias de informantes orales sobre su fusilamiento junto con la ausencia de certificado de liberación inducen a pensar que murió en la cárcel.

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Sellos del Hospital de Sangre de Villena.



Hospital de Sangre de Villena, Alicante. 

-Esta serie se suele catalogar erroneamente a causa de la similitud de los colores y a la falta de ejemplares para comparar. 
-Estos son los colores y dentados correctos para reconocer los tres valores: 

Villena.- 15 Violeta oscuro. Dentado 11. 

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Villena.- 16 Violeta pálido. Dentado troquel 16 1/2. 

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Villena.- 17 Violeta castaño. Dentado 11 1/2. 

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Fuente: http://www.agoradefilatelia.org/viewtopic.php?f=15&t=14032&start=510

miércoles, 17 de septiembre de 2014

martes, 16 de septiembre de 2014

Cruz de los Caídos de Ibi




Así era la plaza la Palla en un día de verano de finales de los años 60. No estaba construído ni el edificio del Banco Popular, ni el de les Ginesos, la Heladería de Jover funcionaba sin parar y los vechículos que se pueden ver de esos años, un Renault "Gordini" o coche de las viudas como se le llamaba, un Seat 600, un Seat 800, otro ? y un Citroen 2 CV para la gente encantadora, que se doblaba en las curvas una barbaridad. A la izquierda están el Supermercado Gallego, Helados La Ibense y en la esquina Confecciones Postigo a la que las clientas, llamaban Els tios de Villena. En primer plano, la Cruz de los Caidos.
Foto gracias a Raul Perales.
Fuente : http://fotosantiguasdeibi.blogspot.com.es/2012/04/plaza-de-la-palla-finales-60.html

La emisión de papel moneda por el Consejo Municipal de San Miguel de Salinas en 1937


LA EMISIÓN DE PAPEL MONEDA POR EL CONSEJO MUNICIPAL DE SAN MIGUEL DE SALINAS. AÑO 1937
TEXTO Tomás Vte. Martínez Campillo



Son las nueve de la noche del miércoles 3 de noviembre de 1937. Los consejeros Wenceslao Vicente García, Cayetano Fructuoso Martínez, Joaquín Fresneda Galant, Juan Antonio Hernández Andrés, Victoriano Martínez Cuenca y Francisco Lorente Valero, han ocupado con puntualidad sus asientos en la sala de juntas del ayuntamiento. El Consejo Municipal tendrá que tomar una importante decisión, aunque no es la primera vez.Los comentarios intrascendentes e incluso jocosos que han intercambiado mientras subían las escaleras no ocultan la preocupación que sienten los máximos representantes de los vecinos de San Miguel. La guerra no marcha bien para la República, y aunque el frente se encuentra lejos las malas noticias sí golpean en la retaguardia el ánimo de los republicanos. El gobierno ya se ha trasladado a Barcelona. Hace dos semanas ha caído Gijón, y con esa ciudad todo el Frente Norte. La ofensiva contra Zaragoza no pinta bien.El alcalde, José Barcelona Clemente, declara abierta y pública la sesión, y el secretario, Rafael Mellado, da lectura al borrador del acta de la sesión anterior que es aprobada por unanimidad. Los puntos del orden del día son rutinarios, a excepción del que hace que esta sesión sea especial: la emisión de papel moneda fraccionario local por parte del Consejo Municipal. Es la segunda vez que el ayuntamiento tiene que hacer frente a esta situación. San Miguel, al igual que muchos de los pueblos ubicados en zona republicana, se enfrenta a la escasez de «calderilla» con la que los vecinos realizan sus compras. Los consejeros saben perfectamente que la escasez de moneda fraccionaria, que ya se dejó sentir a finales del año anterior, está motivada por el acaparamiento de la gente, porque el valor de la plata con que están hechas las monedas (valor intrínseco) puede ser mayor que el que representa acuñado en ella (valor facial). Incluso el mismo Gobierno de la República también ha acaparado moneda, por el valor de la plata, provocando escasez en su circulación.Los miembros del Consejo conocen que por ese afán de acaparamiento, el Ministerio de Hacienda ya había tomado en octubre de 1936 la medida de emitir certificados de plata de 5 y 10 pesetas para conseguir que los particulares entregaran al estado su acopio de plata, y que en enero de este 1937 había dictado la prohibición de las emisiones locales de papel moneda: vales, pagarés, talones o cualquier otro medio.


Saben también que en el mes de marzo el estado ha emitido monedas de bronce de 1 y 2 pesetas, pero todavía no han llegado al público. Y saben que deben volver a hacer lo que ya puso en práctica el ayuntamiento en el pasado mes de febrero porque los billetes emitidos entonces ya están muy deteriorados y urge su recambio. Así, “a propuesta de la presidencia y ante las dificultades que se encuentran en los distintos comercios y demás establecimientos públicos de esta población, para el cambio de papel de billetes del Banco de España, se acuerda por unanimidad que por este Consejo Municipal se haga una emisión de papel moneda fraccionario en cantidad de 48.375 Ptas en Vales o Billetes estampillados, distribuyéndose esta expresada cantidad en la forma siguiente: 2.500 billetes de 0,10 ptas; 2.500 id de a 0,25 ptas; 5.000 id de a 0,50 ptas; 15.000 id de 1’00 ptas y 15.000 id de a 2’00 ptas y cuyos Billetes llevarán también estampilladas las firmas de Alcaldía-Presidencia, Depositario Municipal y Secretario de este referido Consejo Municipal”. La emisión del mes de febrero había sido sustancialmente menor: 7.000 pesetas en papel moneda con valores de 1 peseta, 50 y 25 céntimos.En unos días volverá a circular la «calderilla» de papel, con más fracciones de moneda y en billetes relucientes. Son las once menos veinte de la noche cuando el Presidente del Consejo Municipal da por terminado el acto. Los consejeros van abandonando la sala con la esperanza puesta en que la suerte cambie para la República.

Fuente: 

http://lacronicaindependiente.com/2014/09/la-emision-de-papel-moneda-por-el-consejo-municipal-de-san-miguel-de-salinas-en-1937/

El FERROCARRIL ALBATERA - TORREVIEJA EN LA GUERRA CIVIL.

El FERROCARRIL ALBATERA - TORREVIEJA EN LA GUERRA CIVIL.

ALBATERA
 Con el comienzo de la guerra, y mediante un Decreto del Ministerio de Obras Públicas del 3 de agosto de 
1936, el Gobierno se hizo cargo de las principales compañías del país. Posteriormente, el 21 de octubre de 1937 se creaba la llamada Red Nacional de Ferrocarriles que englobaría todo el territorio dominado por la República.

La abandonada estación de Benijófar-Rojales en los años ochenta
El tráfico de trenes regulares comenzó a alterarse muy pronto; suprimiéndose en marzo de 1937 los 915 y 918, correos Torrevieja-Albatera y viceversa, con viajeros de las tres clases.
A partir de entonces, y dependiendo de la disponibilidad de combustible, el tráfico se vio alterado continuamente, y en agosto la línea quedó paralizada en nuestro ramal hasta Torrevieja. Solamente circulaban los transportes militares y de material de guerra, algo que se mantendría hasta prácticamente el final de la guerra.

El colapso del frente republicano en los últimos días de marzo de 1939 encaminó hacia el puerto de Alicante a miles de combatientes con la esperanza de escapar por vía marítima. A partir del día 28, fecha en la que se suprimió el tráfico de trenes entre Alicante y Murcia, los prisioneros republicanos tomados por el ejército nacional  fueron trasladados por tren hasta la estación de Albatera (según fuentes, se estima entre ocho a veinte mil prisioneros). El destino era la reclusión en el campo de internamiento que los republicanos habían construido junto a  la estación, y del que ahora se valieron los nacionales.

A partir del 9 de abril ya quedó restablecida la circulación, también en nuestro ramal, con el tren 1966.

Fuente: Casa Mediterraneo y el ferrocarril "Alicante-Murcia" de J. Vicente Coves Navarro.

jueves, 11 de septiembre de 2014

MUCHAS GRACIAS POR VUESTRAS 70.000 VISITAS.


Cruz de los Caídos de Aspe

Cruz de los Caídos de Aspe.

Enlace desde: http://www.aspeimpar.es/2014/01/20/107-muertos-un-solo-monumento/

107 muertos, un solo monumento

Croquis diseñado por el aparejador  R
Croquis del monumento de homenaje a los caídos por España de Aspe realizado por el aparejador del Ayuntamiento, Higinio Perlasia. 
José Ramón García Gandía
“En los momentos en que con la victoria final recogemos los frutos de tanto sacrificio y heroísmo, mi corazón está con los combatientes de España, y mi recuerdo, con los caídos para siempre en su servicio”[1]. De esta forma transmitía las palabras de Franco el general Saliquet el 3 de abril de 1939 recién acabada la guerra. Un mes más tarde, en Valencia, el generalísimo en persona explicaría que la victoria no era de los vencedores sino que éstos no eran más que sus administradores. La guerra la habían ganado los mártires y los héroes que habían vertido su sangre por ella. La obligación del nuevo régimen era, por tanto, tener siempre presente el espíritu de los perecidos. De esta forma, se recurriría al recuerdo de los muertos como una necesaria fuente de legitimación para consolidar su victoria[2].
Los fallecidos en la guerra estuvieron presentes en los desfiles que, durante los meses de abril y mayo de 1939, sumieron al país en fastos victoriosos por el final de la contienda. Y, a lo largo del inicio del régimen franquista, quedarían plasmados en los monumentos y cruces que se levantarían por todo el país[3], en virtud de un decreto de la jefatura del Estado de 16 de octubre de 1938[4]. Se realizaron masivos funerales y se celebrarían misas, demostraciones y desfiles[5].
Los múltiples monumentos a los caídos que se levantaron por toda la España franquista estuvieron sometidos al severo control del nuevo Estado[6]. En ellos latía una intención política de afirmación del nuevo régimen, un régimen que dejaba fuera a esos otros españoles derrotados y humillados de la Anti-España. La finalidad política de estos monumentos iba desde recordar la victoria; ensalzar a los vencedores; someter a los vencidos y mostrar al pueblo algunos de los fundamentos del nuevo régimen a la simple exaltación del poder[7].
La regulación de la construcción de monumentos se realizó a través de la Orden de 7 de agosto de 1939 del Ministerio de la Gobernación[8]. Su finalidad era la de “dar unidad de estilo y de sentido a la perpetuación por monumentos de los hechos y personas de la historia de España, y en especial a los conmemorativos, de la guerra y en honor de los caídos”. Todas las iniciativas debían ser aprobadas por el Ministerio de la Gobernación quien, por medio de la Jefatura Nacional del Servicio de Propaganda, quedaba encargado de evaluar las propuestas y de comunicar a los interesados la viabilidad de las mismas. La orden de 1939 no aclaraba, sin embargo, el procedimiento burocrático que debían recorrer los proyectos.
Para aclarar la cuestión, el 30 de octubre de 1940, se emitía otra orden explicitando dicho procedimiento[9]. En primer lugar, todas las iniciativas conmemorativas debían presentarse en los gobiernos civiles para que éstos las elevasen a la Dirección General de Propaganda, quien sometía los proyectos al informe técnico y artístico de la Dirección General de Arquitectura. Finalmente, se comunicaba que todas las solicitudes serían resueltas, en última instancia, por las dependencias falangistas de la Subsecretaría de Prensa y Propaganda del Ministerio de la Gobernación ocupado por Serrano Suñer.
De forma más precisa, era el Departamento de Plástica, relacionado con la llamada Comisión de Estilo de las Conmemoraciones de la Patria[10], quien se encargaba de tramitar y emitir los informes de los proyectos recibidos y tenía por finalidad establecer las normas de todo lo que concerniera “a la construcción de edificios o edículos, erección de monumentos, fijación de lápidas y sus inscripciones y hasta atribución de nombres a lugares o cambio de los que tuvieran, así como cualquier otra forma de conmemoración artística del sentido, acontecimientos, figuras, glorias y duelos de la actual lucha nacional de España, así como las de su glorioso pasado histórico”.
Según se apuntaba en el preámbulo de la orden por la que se creaba la Comisión, con ella se pretendía evitar los peligros: “que para el decoro estético y hasta para la dignidad civil de las grandes urbes, como de las modestas aldeas, significa el dejar abandonada a la iniciativa particular o a la espontánea y frecuentemente poco avisada de las Corporaciones locales, cuanto se refiere al estilo y realización de monumentos patrióticos, memoriales a los caídos, inscripciones lapidarias y otras formas materiales de homenaje, destinadas a multiplicarse, sin duda, y a través de las cuales aparece muchas veces retrospectivamente trocada la epopeya en caricatura”[11].
Las directrices para el levantamiento de construcciones a los caídos que salían de la Dirección General de Arquitectura y de la Sección de Plástica se basaban en los siguientes principios: sobriedad; austeridad; clasicismo; sencillez y decoro, características que formaban parte del ideal arquitectónico del franquismo[12]. Todo ello, por supuesto, coronado con la cruz como elemento principal del monumento.
Siguiendo estas coordenadas estéticas falangistas, los proyectos de monumentos debían ser diseñados por un arquitecto o aparejador. Debían adjuntar un plano del emplazamiento y, si fuera posible, aportar fotos del estado actual del sitio en el que se pensaba levantar. El dossier se debía enviar a la Censura de la Secretaría General de Propaganda y, en el caso de que contuviesen motivos escultóricos, se debía adjuntar un informe del escultor, con bocetos y fotografías. La causa por la que una parte importante de proyectos quedaban desestimados desde las instancias oficiales se debía al hecho de no cumplir con el decoro y la sobriedad antes expuesta. La sencillez era una coordenada imprescindible en todos los aspectos de la vida pública[13].
El símbolo clave en todos los monumentos debía ser la cruz. Una cruz decorosa, proporcionada y que quedase integrada dentro del conjunto monumental[14]. No cabían, por tanto, en los esquemas sobrios del departamento de Plástica grandes proporciones ni ornamentos ni tampoco era recomendable destacar el símbolo en cuestión a base de iluminaciones estridentes. Ni mucho menos añadirle emblemas o símbolos adicionales, al margen de los oficiales del régimen.
El control de la Falange quedó patente en la elección del 29 de octubre como día para la inauguración de estos monumentos que, a partir de 1940, proliferaron por toda la geografía española[15].
Aparte de la cruz, existieron también otra serie de elementos iconográficos que se utilizaron de manera constante en los diversos monumentos a los caídos. Entre ellos, cabría destacar el yugo y las flechas, el escudo de España, el emblema del VÍCTOR, u otras figuras simbólicas y alegóricas que, como el águila o el laurel, transmitían mensajes de fuerza, poder y victoria[16].
En la práctica, existía una recomendación, enviada por medio de una circular del Ministerio de la Gobernación y destinada a los gobernadores civiles para que instasen a las Gestoras Municipales a construir, en un lugar señalado de la población, un monumento a los “caídos “por Dios y por España”. El monumento iría presidido por la estela de José Antonio Primo de Rivera, el símbolo de la cruz y entre 15 y 20 nombres de vecinos nacionales caídos a causa de la guerra civil. En Aspe, de esta forma, en el acta nº 3 de la sesión ordinaria del Ayuntamiento de 20 de septiembre de 1940 encontramos la siguiente anotación: “Se acuerda el estudio de petición que formula el Gestor Sr. González Avellán[17]en el sentido de la construcción de un monumento a los caídos en la localidad, por Dios y por España”[18].
El monumento fue encargado al recién repuesto aparejador municipal y Jefe local de Investigación e Información de la FET y de las JONS, Higinio Perlasia Rigal, que diseñó un boceto y se encargó de encontrar los nombres que acompañarían a José Antonio en el monumento. Se eligió la fachada más cercana al Ayuntamiento, la que da a la calle Santa Teresa, donde todavía se encuentra.
El boceto inicial incluía catorce nombres. Trece se encuentran en el monumento actual ya que uno de ellos no llegó a incorporarse, el de “D. SÁNCHEZ” y una placa al final con la leyenda “PRESENTES”. Posteriormente, se añadieron dos nombres más para alcanzar la cifra de quince: tres asesinados en la población[19]; cinco caídos en el frente[20]; cinco, nacidos en Aspe con domicilio en otros lugares[21]; uno de ellos contiene un error en el nombre[22] y uno del que no tenemos ningún dato[23].
CAIDOS IGLESIA
Composición final del monumento en una de las paredes la Basílica Nuestra Señora del Socorro.
Hace ya más de seis años las Cortes Generales aprobaron la denominada ley de la Memoria Histórica[24]. En el tema que  nos ocupa su artículo 15 se expresa de la siguiente forma:
“Símbolos y monumentos públicos.1. Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura (…). 2. Lo previsto en el apartado anterior no será de aplicación cuando las menciones sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por la ley.3. El Gobierno colaborará con las Comunidades Autónomas y las Entidades Locales en la elaboración de un catálogo de vestigios relativos a la Guerra Civil y la Dictadura a los efectos previstos en el apartado anterior”.
La aprobación de esta ley ha suscitado un intenso debate político, jurídico, histórico e incluso moral en la sociedad española. Para algunos representa abrir heridas del pasado, para otros un intento de cierre de las injusticias y atrocidades cometidas durante el Franquismo.
La discusión, acrecentada en los últimos años, sobre la presencia de estos símbolos en pueblos y ciudades de buena parte del territorio español, y sobre qué hacer con ellos, se inscribe en un debate más amplio que desde hace algún tiempo ocupa a la sociedad civil, al mundo académico y, por supuesto, a los políticos y a sus partidos. Algo que tiene que ver con el recuerdo colectivo de la guerra civil y del posterior régimen de Franco; con la herencia del pasado y con la justicia retroactiva. Al tratarse de un tema delicado, como todos los relacionados con la memoria histórica, la discusión en los medios de comunicación y en el ámbito político ha alcanzado un tono poco recomendable como para abordarlo con unos mínimos de serenidad y sentido común.
El estudio de la memoria de la Dictadura, de su papel en la Transición y de su presencia actual, debe incluir en su totalidad el análisis de varios elementos: la represión tras la guerra civil, los desaparecidos, el exilio, su presencia en la cultura política, su pervivencia en comportamientos individuales y colectivos e incluso institucionales y el mantenimiento de los símbolos que, a través de los fallecidos, pretendió legitimar el régimen.
Nada tiene de excepcional la tendencia del Franquismo a la proliferación de símbolos y al levantamiento de monumentos y estatuas, algo común en la mayoría de las dictaduras. Dos cuestiones principales favorecen esta circunstancia: la ausencia de legitimidad democrática impulsa la búsqueda de un líder carismático que, junto con la ausencia de crítica interna, fomenta su culto y lo que representa. No obstante, los problemas aplazados siguen sin estar resueltos y, tras la Transición y la consolidación de la Democracia, tiempo después vuelven a aflorar. La retirada de los símbolos aplazada estratégicamente en la Transición, donde ni siquiera se planteó qué hacer con ellos, una vez desactivado el peligro involucionista y consolidado el nuevo sistema político, ha abierto, de nuevo, la discusión sobre lo adecuado o no de su permanencia.
En concreto, los monumentos a los “Caídos por Dios y por España”, que se extendieron por toda la geografía, se articularon desde el Gobierno por medio de unas directrices de obligado cumplimiento. Estos monumentos, presentes en los cementerios, plazas e iglesias de prácticamente todas las ciudades y poblaciones, se hicieron en homenaje de los caídos locales, los únicos dignos de serlo y que utilizó para su afirmación política. Para la colocación de estas placas se dictaron órdenes concretas (quién podía figurar en ellas, los trámites a seguir, las características y contenidos de cada placa…) y se contó, en todo momento, con la buena disposición y colaboración de la Iglesia Católica, que cedió sus templos para la colocación de uno de los símbolos más conocidos del Franquismo. Estas ceremonias a los caídos representan la conmemoración de la victoria, así como la legitimización de un gobierno que surgirá tras una guerra provocada por un levantamiento militar, vinculando la idea de los caídos a la unidad de la patria e incluso, garantizar la salvación eterna a aquellos que cayeron por ella.
Efectivamente, durante la Transición no se abordó desde el Gobierno qué hacer con los símbolos del Franquismo (o, si se prefiere, se resolvió no hacer nada), y la decisión quedó en manos de los poderes municipales. De esta forma, la permanencia de los símbolos, monumentos, esculturas y demás lugares de memoria de la Dictadura tras su desaparición, fue entendida por diversos grupos sociales como claro ejemplo de la subsistencia de su ideario, memoria y valores. Para estos grupos, la continuidad de los símbolos se convertiría en signo de persistencia del régimen anterior, al haber logrado permanecer inalterables en el tiempo[25].
En comunidades autónomas con una identidad definida y en las que el nacionalismo español no ha perdido en ningún momento su fuerza, como ocurre con la Comunidad Valenciana, la movilización social en torno a los símbolos ha sido grande, organizada y, en ocasiones, ha rendido sus frutos. Sin embargo, la presencia arraigada de defensores del régimen franquista ha permitido que algunos de estos monumentos, cuando la autoridad municipal así lo decidió, perdurasen a lo largo de los años, manteniéndose todavía en sus ubicaciones originales.
En tanto en cuanto la utilización de un nombre con resonancias franquistas no se convierta en un problema para sus autoridades por el incremento de la presión social o mediática, desde el exterior o desde la propia localidad; en tanto en cuanto no existan contrapartidas que faciliten y favorezcan una decisión de cambio; o mientras que no se obligue por ley a los ayuntamientos en este sentido, parece más que difícil acabar con el problema. Los monumentos franquistas ubicados en núcleos urbanos son competencia de los propios ayuntamientos, quienes tienen la última palabra sobre su destino: si se trasladan a un museo o a otro lugar, si se desmantelan, si se conservan, si se restauran o si se abandonan, etc.
La subsistencia de estos símbolos, de hecho, ha sido y es prueba del éxito de dichas políticas de memoria. El que durante la Transición no se abordasen estas cuestiones ha permitido que el problema llegue hasta la actualidad: su presencia física ha impedido su conversión en política de olvido. En este sentido, la mayor parte de los homenajes a víctimas de la guerra civil, en la actualidad, siguen siendo los efectuados a víctimas franquistas.
Efectivamente, es competencia de las autoridades, incluidas las del ámbito municipal, velar por la promoción y el respeto de los principios y valores democráticos recogidos en nuestro ordenamiento constitucional. Dado que la construcción del marco simbólico democrático de los pueblos y ciudades es, en buena medida, competencia municipal[26] también es responsabilidad suya evitar todo aquello que contribuya a la confusión o entre en contradicción con los valores defendidos por nuestra Constitución. En aquellos casos en que no sea posible o conveniente la retirada de determinados monumentos, debido a las características de los mismos, es cuando menos aconsejable desactivar su carga simbólica, bien añadiendo elementos que aclaren su origen y función histórica (a través de carteles o letreros que lo indiquen), bien eliminando los símbolos políticos más evidentes (escudos, leyendas, etc.).
En este sentido y, en relación a las placas de Aspe, creemos que se hace necesario anular la función con la que fueron creadas. En lugar de exaltar a un régimen fascista puede servir para explicar a las generaciones futuras que el fascismo español olvidó a 92 aspenses y honró a 15.
Propuesta Diseño Atril3
Propuesta de atril de homenaje a todos los caídos de Aspe en la guerra civil española y en la posterior represión franquista.


[1]Arriba, 04/04/1939.
[2] Zira BOX VARELA, La fundación de un Régimen. La construcción simbólica del Franquismo, Memoria para optar al Grado de Doctor, pág. 174, Universidad Complutense de Madrid, 2008.
[3]José Antonio PÉREZ TORREBLANCA, “Cruces de los caídos en los campos de España”, Arriba, 29/10/1940.
[4]El decreto de la Jefatura del Estado del 16 de noviembre de 1938 proclamaba “día de luto” nacional el 20 de noviembre de cada año, en memoria del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera un día como ese de 1936, y establecía, “previo acuerdo con las autoridades eclesiásticas”, que “en los muros de cada parroquia figurara una inscripción que contenga los nombres de sus Caídos, ya en la presente Cruzada, ya víctimas de la revolución marxista”. Julián CASANOVA RUIZ, La Iglesia de Franco, pág. 126. Madrid, 2001.
[5]En los aniversarios de las batallas importantes de la guerra, así como de las “matanzas perpetradas por los rojos”, se realizaban misas, desfiles y ofrendas en recuerdo de los perecidos por toda la geografía española.
[6]El arte y la arquitectura estaban estrechamente interrelacionados con la política, concibiéndose como actividades propias de esta última. Ver Ángel LLORENTE HERNÁNDEZ, Arte e ideología en el franquismo (1936-1951), pág. 68, Madrid, 1995.
[7]Ana Luisa BARRERA TRUJILLO, Monumentos a los caídos de la guerra civil española en la isla de Tenerife, págs. 49-50, Universidad de La Laguna, 1998.
[8]BOE, 22/08/1939.
[9]BOE, 12/11/1940.
[10]Así lo señala Ángel LLORENTE HERNÁNDEZ, Arte e ideología en el franquismo, pág. 93. Se puede también ver del mismo autor, “La propaganda por la imagen y el arte en la postguerra. La Comisión de Estilo en las conmemoraciones de la Patria y el Departamento de Plástica entre 1939-1945”, en Javier TUSELL GÓMEZ (ed.), El régimen de Franco. 1936-1975: política y relaciones exteriores, págs. 453-462, UNED, 1993.
[11]BOE, 22/02/1938.
[12]Ángel LLORENTE HERNÁNDEZ, Arte e ideología en el franquismo, pág. 280.
[13]“Invitación a la sobriedad en la vida pública”, Arriba, 04/07/1939.
[14]El 12 de diciembre de 1939 se devolvía el oficio de la Jefatura provincial de Huesca del Servicio Nacional de Propaganda en el que se presentaba el proyecto del Monumento a los Caídos en el pueblo oscense de Vicien por carecer del indispensable informe del arquitecto, por no tener proporción ni belleza y por no resolver la cruz “de una manera sobria y severa”. En AGA (Archivo General de la Administración), Cultura, 21/1477.

[15]AGA, Presidencia, Delegación Nacional de Provincias, 51/20504. El Discurso pronunciado por José Antonio en el Teatro de la Comedia de Madrid, el 29 de octubre de 1933 se considera como la fundación de la Falange.
[16]Ana Luisa BARRERA TRUJILLO, Monumentos a los caídos de la guerra civil española en la isla de Tenerife, págs. 55-60. Ángel Llorente ha señalado que durante la guerra civil algunos de los monumentos que se construyeron carecían de emblemas o escudos, lo cual motivó que desde las instancias oficiales se ordenase que se añadieran dichos emblemas. Ángel LLORENTE HERNÁNDEZ, Arte e ideología en el franquismo, pág. 279.
[17]Javier González Avellán, miembro de la Falange local, sobrevivió al linchamiento que junto a su suegro, Ramón Calpena Cañizares y su cuñado, Luis Calpena Pastor, sufrieron en la Plaza de la República el 8 de julio de 1937. Estos dos últimos fallecieron y encabezarían el monumento que debía de diseñarse.
[18]AMA (Archivo Municipal de Aspe), Actas de Pleno  1940-1941, fol. 5v y ss.
[19]Ramón Calpena Cañizares, Luis Calpena Pastor y Francisco Botella Pastor.
[20]Luis Caparrós Castelló, Francisco Cremades Galinsoga, Francisco Muñoz Alberola, José Torres Lledó y Luis Vicedo Cremades.
[21]José Alenda Alberola, Manuel Calatayud Gil, José Cremades Vicedo, Gaspar Mira Martínez y Antonio Soria Gabaldón.
[22]Manuel Gras Urios. El fallecido era en realidad su hermano Antonio, caído en el frente, lo que elevaría esta suma, finalmente, a seis.
[23]Mariano Ferrer Lloret.
[24]Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura. BOE,  27/12/2007.
[25] Jesús DE ANDRÉS SANZ, “Los símbolos y la memoria del Franquismo”, Estudios de Progreso nº 26, pág. 18, Madrid, 2006.
[26]Nomenclatura del callejero, edificios públicos, monumentos, actos públicos, celebración de festividades, etc.